El Yoga es un camino de crecimiento interior; de este camino la parte más conocida es la de los ejercicios físicos o ásanas. Sin embargo, estas posiciones son apenas la puerta de entrada a un universo de posibilidades en el desarrollo personal y la búsqueda del autoconocimiento, un universo que hemos de descubrir en la intimidad de nuestro ser.
El Yoga en pareja no reemplaza, en modo alguno, al Yoga individual, sino que le añade una nueva dimensión. En este juego de a dos, el autoconocimiento se potencia y se amplía doblemente por la energía que la otra parte genera. Nos permite comprender nuestro propio espacio y el del otro, explorando fuerza y ritmo. Este trabajo compartido despierta la sensitividad, la apertura y facilita el entrar en sintonía con el compañero. Percibir lo que el otro necesita en cada momento, aprender a dar y recibir interpretando las necesidades del uno y del otro. Este juego de intercomunicación sin palabras contribuye a estrechar vínculos, permitiendo que la energía fluya y el lenguaje gestual se manifieste.
Dentro de la mitología hindú, riquísima en simbología y significados, se observa que todo forma parte de todo; la unidad y la pluralidad se incluyen, la una a la otra, dando origen a todas las posibilidades, entre las cuáles dioses y semidioses, seres celestiales o demonios, son protagonistas de escenas fantásticas que sirven para narrar alegóricamente los ideales de elevación y realización del ser humano. En esta narrativa el protagonismo de Shiva es clave, pues en él se encuentran todos los aspectos contradictorios de la naturaleza humana.
En una de sus manifestaciones, como Natarája, Shiva representa al danzarín cósmico, marcando con sus movimientos el ritmo del Universo manifestado, en una danza primordial.
Representado con cuatro brazos, en la mano derecha elevada sostiene el dhamaru o tambor que simboliza el principio de la manifestación. Con la mano superior izquierda hace ardhachandra mudrá, el gesto de la media luna, dentro del cual brota una llama, símbolo del poder transformador. El tambor y el fuego representan el continuo ciclo cósmico de creación y disolución. Con la otra mano izquierda realiza el gajahasta mudrá, símbolo del discernimiento. La mano derecha con la palma hacia el frente, forma el abhaya mudrá, gesto de apartar el miedo y de protección. Posee largos y enmarañados cabellos simbolizando el movimiento del viento, o vayú, que es la forma sutil de aliento presente en todas las formas vivientes. Por consiguiente, Shiva se manifiesta como la línea vital de todos los seres vivos, a la vez que de esos cabellos brota la diosa Gañga, dando origen al río Ganges, el más sagrado de todos los ríos, símbolo de fertilidad. Alrededor de su cuello lleva una serpiente, representando la energía dormida de kundaliní. El pie izquierdo elevado señala el movimiento perpetuo y la búsqueda constante del auto-conocimiento, de la Verdad Interior. Con el pie derecho, somete y derrota a Avidyá, la ignorancia. El círculo de llamas que lo rodea simboliza el poder transformador en el que todo emana y todo se disuelve. La expresión del rostro de Shiva es tranquila, aunque su cuerpo esté en perpetuo movimiento, indicando que la agitación externa no lo desliga de su Verdadera Naturaleza Interior.
ÔM "Esta palabra eterna es todo: lo que fue, lo que es y lo que será"
Mandukya Upanishad.
Ôm es la sílaba-germen del Universo, bíja, de la cual surgen todos los demás sonidos.
El Ôm es el símbolo universal del Yoga. Es considerado como el más poderoso de los mantras, por su antigúedad y por el amplio espectro de efectos obtenidos por quien lo vocaliza de manera correcta.
Cuando pronunciado, es un mantra; trazado, es un yantra. Existen diversas maneras de pronunciarlo, por lo que, estas vibraciones generan diferentes efectos tanto en el plano físico como en el energético, mental y emocional, entre otros.
Siendo el mantra más completo y equilibrado, su vocalización no presenta ningún riesgo ni contraindicación. Es el mantra del perfecto equilibrio.
Como yantra, reúne todo el poder de la simbología de la manifestación. En su sentido más profundo este sonido, que engendra todo lo que existe, representa el maithuna cósmico de Shiva y Shakti y, como una manifestación más concreta, en el plano terrestre, el maithuna humano.
Este maithuna ritual es representado como, la medialuna, el principio lunar femenino, chandra, y el punto es bindu; esto es, la unión cósmica de los principios masculino y femenino.
Sea como mantra o como yantra, permite establecer auténtica sintonía con una de las corrientes de fuerza más antiguas y poderosas de la Tierra. Por este motivo su poder perdura a través de todos los Tiempos.
Gracias a todos los Maestros que danzaron desde el comienzo de los tiempos, sin interrupción, cada uno de los días hasta nuestros días.
Gracias a todos aquellos que con su danza sutil e intangible, continúan diseñando ese entretejido cósmico.
Tengo entre mis manos una joya de indescriptible valor, agradezco este destello de conciencia que me permite comprenderlo, puedo percibir con nitidez y certeza esta danza perpetua, el ir y venir constante, la inspiración y la exhalación del Universo, el juego de Chandra y Bindu, el entramado perfecto.