Vivir reclamando por todo? Quejándote porque las cosas no son de tal o cual manera? Poniendo mala cara porque llueve o hace frío? O mucho calor? O por la política o por el tránsito o por, o por…o por…hasta el infinito en una cadena incesante de insatisfacciones que van malgastando la vida, ese regalo invalorable?! Desde la ingratitud y la queja nos perdemos de ser felices, de sentirnos completos. No podemos ver lo bueno en nuestras vidas, se nos pierde tras el velo de la ingratitud, de la disconformidad, del reclamo incesante.
Como en el cuento de la abuela que paseaba por su pequeño nietito, a la orilla del mar. "
Era un precioso día, la abuela y su nietito iban conversando distraídamente, las olas suaves iban y venían, el aire era agradable, todo estaba bien. De pronto, en un solo segundo, una ola gigantesca hace blupp! y atrapa al niño, llevándoselo al fondo del mar. La abuela desesperada, comienza a suplicar, a pedir: “Oh! Dios mío!! Qué gran desgracia! Cómo es posible, qué mal pude haber hecho para merecer este terrible castigo!! Por favor, devuélveme a mi nietito, por favor! Qué desgracia, jamás tendré consuelo!!” Y así suplicando y rogando, pidiendo por su amado niño, en un tiempo que no llegaba a su fin…Más de pronto, en fugaz instante, resuena otro blupp! Y el niño vuelve a la orilla!!! El nietito estaba allí, sonriente, sano y salvo! La abuela corre a abrazarlo, lo besa, llora de alegría. “Estás bien! Estás sano, no te ha pasado nada!! Mi niño, qué alegría!!” Y lo miraba, lo besaba, lo acariciaba y aún con el niño entre sus brazos y lágrimas en los ojos, mira al cielo y reclama: “El niño llevaba una gorra!”
Estamos viviendo nuestra vida, la única vida que tenemos (o al menos, la única de la que en este momento somos conscientes).
Estamos viviendo nuestra vida y es nuestra elección personal vivirla bien o mal.
Tú ¿qué vida quieres vivir?